Blog de Chano Ruiz

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Hassan, el origen fenicio y un pinball

Hace unos meses tuve una epifanía: yo llego a Brasil por Marruecos y en nave fenicia.

Y es que hasta ese día no recordé nítidamente que la primera vez que escuché a la diosa Astrud fue en Cambalache.

Hará más de 25 años. Era su disco con Stan Getz. Gracias a este último, que se le ocurrió en los 60′ rebujar (oh the fusion my love) Jazz y Bossa Nova, lo pude escuchar allí, si no a qué cojones iba a poner Hassan nada que no tuviera un saxo redoblao o una trompeta sorda.

A mi me llegaba la dulce voz de Astrud entremezclada con los timbrazos de la pinball, a la que cada treinta segundos le daba un pollaso como si se me fuera el primer orgasmo por la bragueta. ¡¡Bimbaaaa!!! Con diez duros media noche… Otra especial.

En aquel tiempo yo tomaba Martini con ginebra. Preparando el cuerpo por si algún día me llamaba a filas su graciosa majestad. Los diecisiete tienen esas cosas. Eso ahora se llama Ardores Vintage. No recuerdo si agitado o mezclado. Lo ponía él y bastaba.

Charla la necesaria. Dos parroquianos más sobando la barra: los tres comprando papeletas para perder el norte sin abandonar el sur.

Entonces no sabía que Hassan contaba esa trolita vacilona de que vino con 19 años de Marruecos a estudiar no se qué y montó un güichi de jazz. Y hasta hace unos meses tampoco sabía que tres calles más arriba vivió hace 3.000 años Mattan, un fenicio con un toque dao que se hizo el sordo en el peor de los momentos.

Cuando los eminentes arqueólogos, argumentando las más avanzadas técnicas forenses de reconstrucción facial, mostraron al público la cara de Mattan, lo supe: ¿Mattan? ¡Ira, ira! ¡Ese es Hassan!

Efectivamente, y festivamente también, era Hassan. El gaditano más antiguo del orbe conocido decía venir del moro. Pero no, nanai, llevaba treinta siglos aquí, esperando que los traspasos bajaran pa coger el local de José del Toro y montar el Cambalache. Ya sí. Ahora sí casaba todo.

Ya entendí porque Hassan siempre te recibe con la mano en el corazón. También por qué los que no encontramos el Cádiz que quisimos volvemos en penitencia a ese templo; recitamos los tres mantras de rigor, quemamos el poco incienso que nos quede, e imploramos al sacerdote el cáliz que nos libre del pecado imitado. Oh esa ciudad que nunca fue.

Claro que sí. Que Mattan lo mismo no es fenicio puro, que lo mismo tenía un ramalazo moro o gaditano. Que pa qué nos vamos a meter en eso. Que lo puro aburre como un solo de saxo de media hora.

El otro día me pasé de nuevo. Con mijita de miedo, pensando una vez más que la pinball estaba apagada. Y sí, otra vez apagada y desaparecida, como en los últimos veinte años.

Solo al final caí.

¿De Casablanca? ¿Tú de Casablanca?

“Pónmela otra vez Hassan. Pónmela otra vez y te pongo carita de Janfri“.

Hasan, el nacimiento de una estirpe

Hasan, el nacimiento de una estirpe

 “Eeeee ar carajo Chano, con la Astru la Astru”.

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