Blog de Chano Ruiz

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Tag Archives: Chanería

Yo también fui ‘kung fu’

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Efectivamente, yo, como todos los niños de Obispo Urquinaona, era Kung fu. Cuando decía que era Kung fu quería decir Bruce Lee, pero se me entendía porque además lo decía dando patás a todo lo que se movía y a lo que no. Bueno, todo el mundo me entendía menos el repilforo gordito aquel que no levantaba la pierna ni a la altura de la rodilla y siempre andaba corrigiendo: “kung fu es lo que hace Bruce Lee, pavo…”. Eso sí, daba unas guantás a mano abierta que se me iba el arte marcial por la pata abajo.

El muchacho que canta es un jamaicano, la copla la escribió un indio, habla de un arte marcial chino , pero la grabaron en Inglaterra y petó allí y en medio mundo. Esas fusiones son las que a mí me gustan y no las de Garoña.

El que canta y el que escribió llevan 50 años cada uno viviendo de esto. 
De la música no de la copla esta, que también. Si queda algo por pagar de
copisraits varios quede constancia que esto se hace -mas que nada- por aburrimiento.

 

Tres eran tres

Tres obsesiones me merodean: una no la entiendo, otra la necesito y la tercera me salva.

A la que no entiendo la ahuyento, pero en su calidad de obsesión vuelve.

A la que necesito la repudio, pero por su dependencia vuelve,

Y la que me sana, tiene lo obsesivo en lo mucho que se me resiste. Por tanto vuelve. Es más: no se va nunca.

Parapetado como Gregory Peck entre la caravana de Mari Ann y la carreta de la polvora, las veo pasar en un eterno molino de flechas inciertas. A cada volteo pido que una bala perdida lo prenda todo y me otorgue la evolución a Gormiti de Hierba.

Tres eran tres y…. como dijo aquel, ninguna era buena.

Pero me ponen.
Cosas.

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Noviembre sin verbo

Lluvia, aceite, mantel, blanco-negro y mamá.

Tierra, castañas, tiempo y amor.

 Mármol, llanto y mariposas.

Impoluto en el luto.

papas aBoniatos.

Vela en duermevela.

Hijos, silencio y losas.

Membrillo, recuerdo, hierba y dolor.

 Frío, café, balcón, noche y papá.

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Siete perseidas (Blogvival)

Para celebrar que lleva siete sobre los hombros nos pasaremos pronto junto a Kórcula, la isla donde dicen que vivió Marco Polo. Y lo más interesante, donde Poseidón dejó a la niña vigilando el paso de los argonautas… Pues eso. A ver si se le va haciendo el cuerpo.

Publicada en agosto de 2011 bajo el título

Chanería de Perseo

Cuando agosto ya lleva diez solazos o levantazos –depende del año-, una noche se caen del cielo un millón de estrellas. Son las perseidas o lágrimas de San Lorenzo. Como diría el Sinatra bajito de Málaga, fue por casualidad que, llegando ese día, a mí me suelan pasar cosas extraordinariamente buenas.

El fenómeno, científicamente hablando, es una lluvia de meteoros de actividad alta, que se desprenden del cometa 109P/Swift-Tuttle. Habrase visto cosa menos poética. Mierda Wikipedia. Los científicos, siempre tan agrios, no tuvieron mejor nombre que ponerle al asteroide. La otra versión, la de que son las lágrimas de San Lorenzo cuando ardía en la parrilla donde lo metieron -seguramente por bueno-, la primera vez que se la contaron al Papa Ratzinger se llevó dos días meándose por las esquinas de la risa. Y es que los beatos inventando metáforas se pasan tres pueblos.

Yo me quedo con los clásicos. A saber: Perseo, dios heleno que como todos ellos era un vividor y un borracho, a estas alturas del verano miraba pa abajo y venía a decir: “qué cabrones, como se lo estáis pasando. Qué manera de beber y darle al cuerpo josmíos…. Maldita sea, no tuviera yo ahora 30 siglos menos que me iba a bajá y se ibais a enterar lo que es un muevemueve”. Y lloraba claro. Lloraba desconsolado esas lágrimas en forma de estrellas fugaces como cualquier divinidad griega que se precie.

Tooootal. Yo cada 11 o 12 de agosto me encandilo mirando el cielo. Hace veintidós años ni me enteré porque tenías los ojos fijos en un espectáculo más excitante que tenía enfrente. Un año después nos fuimos sin paraguas ni gabán a empaparnos de ese diluvio de luz a una loma de Vejer transmutada en camping. Y ya después vinieron otros chaparrones gozosos en los Caños de la Meca (sic), viendo el amanecer (sic again).

Y en 2007, esa esperada noche, cuando me fui a dar cuenta, ya tenía un lucero entre mis brazos. Ahora tiene cuatro años. Me brilla igual que el primer día. Cuando tenga herrajes para aguantar un cumpleaños hasta las ypico le enseñaré que vino del llanto lujurioso de un dios griego. Pa que se le vaya haciendo el cuerpo.

Publicada el 11 de agosto de 2011

Un tiro bien dao


Sí. Don Mario se apiadó de un tembloroso señor de cuarenta y pico años mal llevados porque intuyó en sus huidizos ojos la pobreza moral del que no supo defender otra cosa que la Dilatación.

Cata Zambrano

“Mira alma pobre, a lo más que puedo llegar es a pegarte este tiro, y a ver qué pasa”,

Joder, precisamente ese día que le pasaban la mano por el lomo por enésima vez por saber escribir siendo auto santificado como liberal. No, mejor dicho, por saber escribir mejor que todos aquellos que le pusieron la mortaja a la palabrita de marras para no llevarla de relicario por el purgatorio de la entonces moderna liberación americana.

Quizás fuera la guayabera. Sí, sería la guayabera cruda que –a modo de pose, como casi siempre- cubría al talludito difunto lo que inspirara la compasión del prócer.

El pobre diablo pensó que, como si fuera un virus, la cercanía física le prestaría una esquirla de sabiduría. Que le devolvería un asomo de aquello con lo que un día soñó. Escribir. Rasgar un lino blanco con algo que mereciera la pena recordar. Con una sola palabra que conmoviera a una sola persona.

Pero no. No se produjo el milagro. No se apareció ningún apu. No había nieve, no hacía frío, ni el otro tenía la cara ni el valor de Lituma, claro.

Y se quedó allí, loando la dilatación con un vaso de cerveza caliente en la mano, creyendo en vano que su amputación era generacional y que no había nada más que hacer. Nadas más que temblar…  De nuevo.

Cata Zambrano

“Ese tiro te va a doler más cuando te pongas a escribir que ahora. Verás”.

La buena. ¿La buena? Jueves night

Ahora en la original, no la de Albert Pla, que nada tiene que envidiarle por cierto, ‘El laíto salvaje de la vida’. Lou Reed. Walking on the wild side.

A ese laíto me gustaba a mí asomarme de vez en cuando, pero a pecho descubierto, sin red. (La que hay ahora todo lo esconde, todo lo diluye, todo lo disfraza mal. Que hasta para disfrazarse hay que saber algo. Entonces sabíamos -al menos- qué queríamos aparentar. Incluso sabíamos cuando no queríamos aparentar) Bah, tampoco hacía nada del otro mundo. La memoria… esa solícita meretriz.

Torrija

John Banville escribe “Antigua luz” simulando la reconstrucción que una veterano actor hace de un amor prohibido de su juventud. Lo hace flirteando de manera constante con su memoria. Poniendo muletas a las lagunas. Endulzando aquello que dejó en el olvido o súbitamente imaginando. Y lo clava.
20130131-165322.jpgOtro mucho peor propuso que la memoria era una educada señora que todo lo vestía de seda o blanco lino, de nobles tejidos que nos aliviara la vista de lo que un día fuimos.

Todo ello vale. Para mí.

Visito ciudades que nunca conocí y me lleno la pupila de recuerdos que no tengo. Con sitios que hago míos en lo antiguo. Como si el pasado me fuera común a todo lo que aprecio ahora y a todo aquello que aún quiero vivir: qué ingenuo. En momentos cursis diría que son retruécanos de la memoria. Hoy escribo que son retortijones del diario que nunca nos atrevemos a rasgar en el papel. ¡Qué torrija!

Domingo raro


Hay q volver. Domingos gloriosos
(Ahora sí)

Chanería de la Querencia.

Le tengo querencia a estos bares feos de las horas no usadas. Periódicamente vuelvo a ellos para verme desde fuera mientras me raja la garganta el peor garrafón que se distribuye en la comarca.20121215-183644.jpg
Sin gracia ni música. Sin historia, menos aún leyenda. Sin siquiera la media luz que alivie esta fealdad que me atrapa sin lisonja ni afeites. Sin siquiera un silencio que me ayude a no pensarlo. Sin callejón ni gato, sin espejo ni esperpento que dignifique este trance.
Sólo adoquines grises, reflejando un cielo ajado que no se decide a reventarme con un simulacro de diluvio. ¡Mierda de Apocalipsis de mentirijillas!

Y vuelvo siempre.

Es la querencia del becerro manso que busca unas tablas donde aplomar la cobardía.

Chanería marciana

Es evidente que a los de la NASA no le caen bien los marcianos. De hecho, lo sucedido viene a confirmar que en Cabo Cañaveral están completamente convencidos de que no hay vida en Marte, ni inteligente ni de la de aquí. De otro modo no se entiende que la primera copla que le hayan cantado a los hipotéticos alienígenas fuera este Reach for the Stars de un tío q se hace llamar ‘Will.i.am’ por no llamarse ‘Yo soy el güili’.

Desde el Observatorio Astronómico del Teide, en Tenerife, donde tienen un telescopio más largo y más gordo que los americanos, evidentemente, han detectado un montón de marcianos escondiéndose del robot de marras. La mayoría de ellos porque nadie quiere ser además de marciano un friki y que le vengan los de Marte en directo a meterles la alcachofa y preguntarles: “¿Y es cierto que cuando vieron el ovni salían unos flashes y una música de niñato con un chumba chumba?”
Desde el Teide también han escuchado la conversación de los dos primeros martícolas que vieron al Curiosity. (Hay veces que la señal de audio no llega bien pero los observadores que están de guardia hacen cuevita con la mano, se la acercan a la oreja y ya está.)
De esa primera conversación los mullallos canarios dedujeron 3 cosas;

  1. Que los marcianos no son una especie asexuada.
  2. Que la curiosidad del robot  no es correspondida.
  3. Que en todos lados cuecen habas, que por tanto en Marte hay agua -si no donde se iban a cocer las habas-, que también hay ollas, y que si hay ollas habrá días. Seguramente más que ollas. En habiendo días hay concepto de tiempo. Y habiendo tiempo -aunque sea conceptualmente- pa qué estresarse.

Todo ello lo dedujeron de esa primera conversación entre dos marcianos que -según relataron al Viva Teide– transcurrió así:

Marciano Juan: Mira guana, un robotico de la tierra. Le hacemos una foto con el iphone y se la mandamos a “Noveno Milenio“.

Marciana Juana: Déjate guan, que no tengo yo el coño pa farolillos.

Toootal, que los tinerfeños se apiadaron del marciano Juan, de la marciana Juana y de todos sus congéneres e, intentando subsanar tamaño despropósito americano, se pusieron a buscar qué copla mandar a Marte, sin robot ni nada, colgándola en el youtube marciano que el primo de uno de ellos había inventado antes que saliera aquí el youtube normal. Primero quisieron optar por el canto patrio, y a puntito estuvieron de colgar el Contamíname de Pedro Guerra, pero se echaron atrás: “Déjate mullallo, a ver si se van a ir por lo literal y nos va a caer dos platillos de mierda en lo alto”. “Cierto primo, que como le vean la cara a Pedro se les va a quitar las ganas de interactuarnos, vamos a meter a José Velez”. “Ay momá, que antiguedad”.

Al fín, y en un momento de gran lucidez, eligieron el Volando voy, volando vengo del Veneno, por eso de lo aeroespacial. Con dos lecciones en una. Y gratis. A saber:

  1. Enamorao de la vida aunque a veces duela
  2. Yo no sé quien soy ni lo pretendiera

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